Un pajarito sin alas

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Un pajarito sin alas

Mensaje por Invitado el Miér Feb 20, 2013 12:29 am

Bueno personitas este es un fanfic que hice hace tiempo, aunque más bien es un relato corto que cuenta el pasado de Alessa. Esta ambientado en un mundo rural pseudo- medieval en el que las personas son ángeles y tienen alas, espero que os guste ^-^ y comentad cuanto vuestra opinión.



Alessa Clover. Alessa la traidora. La Amante de Demonios. La bañada en sangre. La que no muere. Tengo tantos nombres como personas he matado. Nadie me mira a los ojos, y es mejor que siga así. Cuanto más tiempo pasa más putrefacta y maldita es mi existencia, y ese hedor invisible me envuelve, me abraza en su vanidosa victoria, toma forma y cuerpo, sus ojos viciosos siempre están sobre mi y yo jamás podre separarme de esa sombra, jamás podre escapar de Lelouch.

Algunas veces cuando el sueño huye de mi, cuando el suelo es demasiado duro para pasar la noche, o cuando sus brazos se vuelven demasiado tibios y agradables me obligo a recordar mi causa, el porque sigo en pie, por que tengo que seguir adelante. Y esta noche, mientras sus labios devoran mi cuerpo en la oscuridad de mi habitación cierro los ojos y vivo mis recuerdos una noche más.

Nací una noche de primavera, mientras la dulce luz de la luna acunaba la cama de la amplia habitación, dando fuerzas a mi madre para continuar. Aquella noche nací entre lagrimas de alegría de mi madre, mi padre y mi propio llanto desgarrado.
Se dice que cuando un bebe nace se da a luz, por tanto, aquella noche se me dio la bienvenida al mundo de luz. Lo que nadie podía imaginar aquella noche es que lo llenaría de oscuridad.

Me llamaron Alessa, en honor a mi difunta bisabuela paterna. Nací en el seno de una familia noble. No era una familia de alta cuna, ni siquiera teníamos una cantidad absurda de dinero. Eramos una pequeña familia noble que vivía en un castillo rústico y gobernaba con justicia y respeto a los aldeanos de la villa que presidia el castillo y sus campiñas y terrenos.
Eramos felices, muy felices. Algunas veces visitamos la capital, incluso recuerdo que en algún momento de mi infancia visite a la familia real y jugué con la hija de los reyes del reino de la luz. La verdad es que yo no lo recuerdo, ni me importa no recordarlo. De mi infancia temprana lo único que recuerdo es el tacto de las sabanas de seda, el fru fru de los vestidos y el tacto del papel entre mis dedos. Durante mis primeros cinco años de vida fui muy feliz, pero también fui enfermiza e inestable. Los maestres de la medicina no encontraba solución alguna a mis continuas recaídas, lo único que pudieron ofrecerme era una cama cómoda y un desarrollo voraz por el aprendizaje y la lectura. Fue en esa época en la que comenzó a sonar la melodía de mi requien personal.

Fue una mañana de llovizna. Por aquellos días mi salud había mejorado e incluso se me permitía pasear por el castillo, siempre que no hiciera demasiado frío. El cielo estaba encapotado y la lluvia caía ligera sobre las tierras de mi padre.

-Alessa no debes salir -Su voz era severa pero sabía que solo se preocupaba por mi. Sin embargo ¿Quien va a negarle a la niña de sus ojos el privilegio de salir a jugar con la lluvia?. Con una sonrisa traviesa salí al patio y las risas infantiles que se esparcieron entre los chapoteos y los charcos del patio de piedra.

-¡Eh tu! ¡Alto! ¡No puedes pasar! -Los gritos y el sonido de los golpes llamaron mi atención. Pasito a pasito me asome por el arco de piedra que daba al exterior. junto a la puerta un guardia sacudía a alguien, bajito, sucio y lleno de barro.

-¿Que esta pasando? -De un ligero empujón mi madre me aparto y levantándose las faldas para no mancharlas se acerco al guardia. Este nervioso levanto la lanza y se puso firme.

-¡S-señora este intruso quería colarse! - El guardia respondió rápido -S-solo estaba echándole

-¿Que manera de echar es esa? Aquí no se trata así a la gent...¡Santo cielo si es solo un niño!

-Vi como mi madre se inclinaba ante el niño mugriento y un ramalazo de celos infantiles mi instaron a correr tras ella y agarrarme a sus faldas. Sin embargo mientras mi madre se ensuciaba la manga limpiando el rostro del chiquillo la curiosidad pudo a mi yo infante y no puede evitar mirarle.

-N-no señora...-El niño se intentó apartar pero mi madre le sostuvo por el brazo y le limpió la cara con delicadeza pero con la firmeza y la decisión que da la maternidad y extendió su largas y blancas alas sobre sus cabezas para protegerles de la ligera lluvia - Se va a manchar, mi señora...

-La ropa se manchara de todos modos -Reprochó ella. Era un niño más alto que yo, y miraba tímidamente a mi madre con dos ojos como dos amatistas, de un profundo violeta. Sus rasgos eran delicados pero apuestos para tener solo 7 años-Vaya pero si tenemos aquí a todo un caballero ¿Como te llamas muchacho?

-Lelouch, mi señora -Lelouch me miro de reojo y bajo la vista azorado. Mi madre sonrío y le tendió la mano

-Lelouch, te presentó a mi hija Alessa -Agarró mi mano y extendió la libre hacía él -¿Por que no entras a tomar un baño? Después podemos pedir algo rico para comer.

El joven niño asintió con una sonrisa brillante en el rostro. Una sonrisa que yo jamás podría olvidar, una sonrisa que me perseguiría toda mi vida.

[***]

-¡Vamos Lulu!- El caballo se movía con agilidad bajo mis botas de montar. El bajo del vestido ondulaba al chocar contra el viento y mientras galopaba llamaba a mi compañero de juegos que me miraba montado en su corcel.

Habían pasado siete años desde que Lelouch llegase a nuestro castillo y se había convertido en mi compañero de juegos. Por aquel entonces yo tenía doce años y ya podía intuirse que en pocos años la belleza estallaría en mí como las flores en primavera. Si mi porte era digno de una princesa Lulu era un príncipe, y sin duda era podría ser el príncipe más guapo de todo el mundo. Lelouch era educado, cariñoso, cortés y siempre sabía que decir. Nunca me dejaba sola y siempre me animaba. Mis padres le querían como a un hijo y se había transformado en uno más de la familia aunque siempre se había negado a contar nada de su pasado.

-No es bueno ir con prisas, mi pajarito - Dijo y me dedicó esa sonrisa que hacía suspirar a mis doncellas y a las chicas que el apuesto joven dejaba a su paso. Sin embargo Lelouch jamás había tenido ojos para ellas. Y Yo, yo estaba tremendamente unida a él. Y es que gracias a él estaba en el prado, montando a caballo. – Recuerde que debe tener cuidado con su salud

Hice girar a mi caballo y que trotara hasta él para darle un beso en la mejilla.

-Nada puede dañarme Lulu ¿Lo recuerdas? –Ambos nos miramos a los ojos y asintió ligeramente. Claro que lo recordaba, lo recordaba tan bien como yo.

¿Por qué no sales a jugar? - Aquel día estaba demasiado débil para poder salir a jugar. Lelouch parecía triste por mí. Que una niña de seis años no pudiera salir a jugar era muy triste.

-No puedo salir...mamá dice que estoy mala -Fue la única respuesta que pude dar. Las doncellas y las personas mayores solían evitar aquel tema, pero un joven Lelouch de ocho años que no sabía de mi condición fue directo y al escuchar mi respuesta me agarró la mano dulcemente y me dio un beso en la mejilla.

-No te preocupes –Había susurrado junto a mi piel mientras nuestros ojos se miraban fijamente, cómplices de un secreto que nos uniría – Yo cuidare de ti, y nada podrá dañarte.

-¿Me curare? ¿Me lo prometes? –En un acto de inocencia estire el dedo meñique hacía él y me imito, estrechándolo con decisión.

-Te lo prometo


[***]

Un suspiró se escapó de mis labios mientras las costureras danzaban a mi alrededor como si fueron mariposas alrededor de una flor, comprobando los últimos arreglos antes del gran día.

-Estáis preciosa mi señora, no habrá mujer más hermosa que vos en todo el reino de luz mañana

Asentí mientras mi rostro miraba por las ventanas y agitaba mis alas ligeramente, nerviosa. El vestido era pesado, y me costaba andar con aquellos tacones tan altos, pero lo que más pesaba para mí no era ni el vestido, ni lo zapatos, ni los mil y un detalles de mi futura boda.

Las sedas se ceñían en torno a mi cintura, apretando el ceñido corsé de terciopelo bordado con perlas blancas y unas enormes faldas con encajes de flores y pájaros voladores. Como iba a hacerlo…como iba a casarme…no, no podía ser yo…

La puerta se abrió, yo estaba de espaldas pero no me hizo falta verle. Solo con el suspiró de mi doncella y el brillo de sus ojos lo supe.

-Mis señoras, nuestra hermosa Alessa debe estar agotada, necesita coger fuerzas para mañana –Todas obedecieron aunque en su tono de voz nunca había denotado que fuera una orden. Sin embargo tenía aquel don de palabra, ese saber hacer que le hacía aún más interesante e irresistible. Salieron de la habitación y cerró la puerta tras ellas.

-Lulu –Me dí la vuelta y me llevé una mano a los labios. Dios, ¿Por qué me temblaban las piernas cada vez que le miraba? Me agarró una mano con cariño y me hizo girar lentamente.

-Estáis hermosa mi pajarito–Susurró con infinita ternura, sin embargo en sus labios se reflejo la tristeza– Seréis una novia preciosa.

-Pero no seré una novia feliz –Acerqué mi rostro al suyo y nos miramos durante un segundo. Demasiadas palabras, demasiadas sensaciones encontradas, demasiado sufrimiento que transmitían nuestros ojos mil veces mejor que nuestras palabras. Extendió una mano y acarició mi pelo, lo enredó entre sus dedos, lo llevó a sus labios y lo besó. Acarició mi mejilla, el nacimiento de mi cuello, la mandíbula, y yo cerré los ojos disfrutando de sus caricias hasta que lo noté.

Húmedos, suaves, presionando ligeramente contra mis labios. Su mano en mi nuca y las mías envolviendo su cuello, uniéndonos durante unos segundos breves.

-Lulu no –Susurré intentando apartarle de mi -L-la ventana está abierta…nos verán…

-Que me vean –Sentenció besándome una vez más. – Vamonos Alessa, vamonos lejos. Yo…- Se apartó de mí como si cada paso que nos distanciaba fuera un cuchillo clavándose en su piel. Se apoyo en una pared y apretó la frente contra el muro. –…no puedo soportarlo. Cada vez os veo juntos, cada vez que te mira…

-Lulu no puedo irme –Las palabras salían de mi con esfuerzo. No podía, no podía abandonar a mis padres, no podía huir en la noche antes de mi boda. –No puedo Lulu, me necesitan …

-¡Yo soy quien te necesita! –Exclamó golpeando la pared y se giró para mirarme con intensidad. Acortó la distancia que nos separaba y me sostuvo con fuerza entre sus brazos y tomó mis mejillas con ambas manos, para susurrar – No puedo vivir sabiendo que mañana él te besara…- Sus labios rozaron los míos mientras su mirada turbia por el deseo y el dolor me impactaban y estremecían. Nos amábamos, nos amábamos con locura, pero era imposible.- Te besará y te desnudará, y te tocará y…y…-Su respiración agitada le cortó las palabras y me besó con intensidad, apoyó su frente en la mía y nos miramos con el deseo cohibido– Solo se mía, amor…solo hoy mi pajarito…
Mis manos temblaban mientras me desabrochaba las lazadas del corsé, pero sus manos firmes me desnudaron con cariño, me tumbaron en la cama y corrió las cortinas del dosel para que nadie pudiera romper nuestra intimidad. Y en aquella noche primaveral de mis dieciséis años solo él podía verme, solo él podía quererme, y solo a él le entregaría lo único que una mujer puede entregar una sola vez en su vida.

[***]

Las lágrimas se deslizaban por mis mugrientas mejillas. En la oscuridad de la celda mis únicas compañeras eran las ratas.

-Por favor ten piedad…-Susurraba una y otra vez encerrada en aquella torre, mientras la oscuridad me envolvía como una fría compañera. Habíamos llegado demasiado lejos, demasiados lejos, nos había visto, lo sabían, lo sabían todos. Mi amor secreto, mi amante, mi caballero entre las sabanas y yo descubiertos por mi esposo tras solo medio año de casados.
Nuestra mayor verdad y nuestro mayor pecado descubiertos a los ojos de todos. Y allí estaba yo confinada en una celda, apartada de todos con solo unas prendas intimas de seda roja.

Unas llaves tintinearon y una luz me cegó.

-Mi señora –El guardia me miraba serio mientras me protegía los ojos de la luz –Es hora del juicio.

[***]

-¡Sucia ramera! –Mis rodillas chocaron contra el suelo de mármol al caer. Mi esposo me gritaba desde el trono que le había sido otorgado tras nuestra boda, como señor regente de aquella villa. Tras él, bajo la tarima, mi madre derramaba lágrimas en los brazos de mi anciano padre -¡Me has traicionado reconócelo! ¡Lo vi con mis propios ojos! Tu y ese…

-Mi señor, yo…

-¡No te he dado permiso para hablar! –Su voz rabiosa me hizo contenerme – Además incesto con tu hermano…

-Lelouch no era su hermano de sangre –La voz de mi madre sonaba rota y aguda, como si llevara semanas llorando.

-Si le consideraba su hermano para mi sigue siendo incesto – Toda la corte miraba, me miraba. Me abracé, temblando por culpa del gélido frió que sus miradas me lanzaban. Sola ante todos los que una vez me habían amado y admirado. –Mi señora, ¿podría decirme cual es la pena para vuestros pecados?

Bajé la mirada temerosa, pero aún así respondí

-L-la muerte mi señor…

-¿Qué muerte?

-El beso del acero mi señor –Dije tan rápido como mis labios secos y cortados me permitieron.

-Bien –Se incorporó y sujetó el pomo redondeado de su espada. Miré a mis padres mientras el pánico me congelaba las entrañas. Ahora mi señor esposo era el señor del castillo, y él debía de dictar las leyes, y mis padres como personas justas sabían que el castigo debía de cumplirse.

-Mi señor, porfavor…yo…-Las palabras salieron de mi boca con desesperación pero el acero silbo mortífero al salir de la vaina. Me arrastré hacía atrás, acompañada por el sonido de los grilletes que me apretaban las muñecas y los tobillos. Y comenzó a bajar la tarima. –A-aquí no mi señor…-Ya ni las lágrimas salían de mis ojos secos - ¡Delante de mis padres no mi señor!

El bajó hasta mi y me agarró por el mentón, clavándome los dedos en la piel. Su mirada parecía dolida, brutal y rabiosa, pero también pude ver el brillo de la diversión en sus ojos.

-Oh, no solo delante de ellos…

Las puertas temblaron a mi espalda y los pasos agitados y el forcejeó delato su presencia.

-¡SUÉLTALA MALDITO!

-¡Lulu! –Intenté levantarme para ir a su lado, pero mi esposo me agarró por el pelo y grité de dolor al notar como tiraba hacía atrás. Me arrodillé y me abracé a su pierna, si tenía que suplicar lo haría.–No mi señor, no delante de él por favor…

-Por supuesto que sí, mi señora –Sus últimas palabras sonaron burlonas - ¡Sujetadle! ¡Quiero que lo vea todo!

Un guardia me agarró y me obligó a estirar el cuello mientras mi señor esposo hacía danzar la espada en el aire, burlándose de mí, burlándose de mi amor.

-¡NI SE TE OCURRA TOCARLA! –Lelouch me miraba con desesperación, con rabia, intentando que le soltaran, pero a cada movimiento los guardias le sujetaban impasibles y le obligaban a mirar. Nuestros ojos se encontraron e intente sonreírle por última vez.

-Tu pajarito echara a volar mi amor –No podía irme sin despedirme de él, no podía dejar que lo último que escuchara de mis labios fueran súplicas. Cerré los ojos con toda la dignidad que me quedaba. Moriría si, pero moriría amándole.

-¡HUYE! ¡No! –Lelouch lloraba y miraba la escena con el rostro contraído por el dolor y la rabia.

-Te amare hasta mi último suspiro Lulu – Ya no había nadie en aquel salón. Solo él, yo, y el acero danzarín que bailaba al son de mi muerte.

-No…Alessa…-Intentó sonreír pero una mueca se formó en su rostro congestionado por las lágrimas y un gemido de desesperación le brotó de la garganta - …te quiero tanto…-Por el rabillo del ojo vi el aceró alzarse y cerré los ojos.

Pero la muerte no llegó. En mi lugar alguien se desplomó en el suelo y al abrir los ojos el horror se dibujo en mi rostro.

-¡LULU! –El grito desgarrador se escapó de mi garganta mientras mi amor caía al suelo. No era yo la que estaba destinada a morir, era a mí a quien le habían preparado aquella pantomima.

Los dos guardias habían caído y en cuestión de segundos Lulu me había salvado, interponiéndose entre la espada y mi cuerpo. Mi señor esposo aún sostenía la espada aún manchada de rojo escarlata mientras sonreía. Me arrastré unos pasos y le tumbé boca arriba. Una mancha rojiza se deslizaba bajo su cuerpo mientras tosía.

-¡Mi amor! Mi vida…-Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas al inclinarme sobre su rostro.
Me miraba tranquilo, sereno, con una sonrisa en el rostro; hermoso hasta en el lecho de su muerte –No te vayas…no…no puedo vivir sin ti…

-Sssh…mi pajarito…-Una mano me acarició la mejilla. –No llores mi pajarito…-Le sujeté la cabeza con una mano mientras mis lágrimas caían sobre sus mejillas. – Te amo, te amo…vuela libre mi pajarito

Negué con la cabeza con tanta fuerza que me hice daño en el cuello, pero no me importó.

-Noo…no puedo..-Un sollozo se escapó de mis labios mientras los retazos rotos de mi corazón se fragmentaban y se clavaban en mis entrañas. -¿Por qué lo has hecho idiota? ¿Por qué?

-¿No lo recuerdas? –Sonrió como si la situación fuera divertida, me acarició el pelo con cariño y recitó- Yo cuidare de ti, y nada podrá dañarte.

Empezó a toser, una y otra vez, salpicando de sangre nuestras ropas y noté como perdía la fuerza. Se iba, se iba entre mis brazos, y yo no era capaz de hacer nada.
Lo sujeté con fuerza, y lo acuné entre mis brazos mientras mis alas nos protegían de todos, no quería que nadie le viera morir, solo yo, solo yo tenía el derecho de llorar su muerte.

-No te vayas…no me dejes sola Lulu…- Lloré

-¿Lo deseas? ¿Lo deseas de verdad? – su voz solo era un susurro y sus ojos me miraron, ligeramente idos, dedicándome sus últimos segundos de vida. - ¿Más que nada en este mundo?

-Más que nada en este mundo. –Susurré besando sus labios helados, sabían a sangre y a muerte–Quiero que estemos juntos, juntos siempre…

-Entonces…- Cerró los ojos un momento y suspiró -…lo estaremos…

[***]

Solté la pala con los dedos doloridos, las rozaduras y las ampollas me latían y apenas podía mover las manos. Pero mientras jadea me derrumbé ante la tierra removida.

-No se para que te molestas, ellos no lo hubieran hecho –Bajo la sombra de un árbol Lelouch me miraba, vestido con sus ropas de noble y un macuto. – ¿Ves esas almenas? Ay estarían nuestras cabezas y no en campo santo.

-¡Eran mis padres! –No había vuelto a hablarle desde que desperté. La sala del trono se había transformado en una matanza, y allí sobre el trono, sujetándome entre sus brazos, con los ojos rojos como los rubíes me miraba. Toda la vida. Toda la vida viviendo una mentira. Primero había pensado que era un mendigo, después un amigo, un hermano, un compañero para después transformarse en el príncipe de mis sueños. Un príncipe que estalló en llamas de sangre y se esfumó en un instante. Ya no sabía lo que era, pero sin duda. Lelouch jamás había sido humano. - ¡Los mataste! ¡Los matastes a todos!

Me apreté la boca con ambas manos para contener un sollozo. Mis padres, mis amigos, todo lo que conocía habían desaparecido.

-Deberías estarme agradecida –La frialdad de su voz no me sorprendió. Lelouch se había transformado. Me amaba, o eso decía él – Somos los trágicos supervivientes de la locura de tu señor esposo. Es una suerte que te inviten al palacio del sur para que puedas estar allí hasta que te recuperes.

Se acercó a mí y me sujetó las muñecas para examinar mis manos

-Mira como te has puesto…-Besó dulcemente mis manos y noté como el dolor desaparecía.- Debes tener cuidado, aunque sepas usar la espada siempre he procurado que tus manos fueran suaves…-Me mordió un dedo con fuerza y me miró con dureza –No lo estropees ahora
mi pajarito.

Me agarró la mano y tiró de mi. Se los había llevado a todos, y a cambio me había dejado a mi sola. -Te amo, te amo con locura y por ti he cometido una -Me había susurrado al despertar en medio de aquella pesadilla, sosteniéndome entre sus brazos con delicadeza–Era la única manera de que estuviéramos juntos, amarrar mi vida a la tuya. Ahora estaremos juntos para siempre mi amor, y nada podrá separarnos. Si perezco caerás conmigo y viceversa ¿lo entiendes? Nadie más que tú puede entender lo que soy.

Sus palabras aún resonaban en mi mente mientras le seguía, Lelouch me alejaba de la tumba de mis padres y me arrastraba sin que yo pudiera detenerle. Y cuando le miraba los sentimientos chocaban. Como una canción de fuego y hielo, amor y odio, tristeza y alegría, vida y muerte. Una marca a fuego se había grabado en mi pecho, un vació enorme y profundo, un vacío que ni todo su amor podría llenar.

[***]

Y aquí estoy, tres años después, tres años de lucha, mientras Lelouch vuelve a usar mi cuerpo y una parte de mí se muere por entregarme a él, y la otra me susurra en el oído que agarré el puñal que escondo bajo la cama y acabe con nuestra vida en un instante. Llegué al palacio real, me acogieron con los brazos abiertos, a mí y a mi sombra, pero ya no me quedaba amor que dar, ni quería recibirlo. Si lo que me esperaba era una camino regado por la sangre debía ser yo como guerrera quien la vertiera, y así me hice con el título. Para mí se acabaron los salones de baile, la feminidad y cualquier rastro de mi yo anterior. Mi inocencia fue pisoteada y hecha añicos y no tengo ningún interés en intentar lamer las heridas. Cuando termina de usarme me tumbó de lado para que no me vea el rostro y me abraza por la espalda. Notó su respiración contra mi nuca
-Te amo mi pajarito –Susurra antes de caer en un profundo sueño. Me muerdo el labio con fuerza. Una noche más, he de aguantar una noche más, y algún día lo encontrare, encontrare la manera de romper este vínculo que nos une.

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Re: Un pajarito sin alas

Mensaje por Morgan, The Creator el Jue Feb 21, 2013 7:19 pm

Jodidamente preciosa. Me he emocionado, he llorado incluso. Es una historia super interesante y el final es totalmente inesperado. Sigue escribiendo así porque eres la polla *·*

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Re: Un pajarito sin alas

Mensaje por Invitado el Vie Feb 22, 2013 1:11 am

Waa >///< Muchas gracias Morgan, me alegro mucho de que te guste ·/^/· la verdad es que es un relatito corto que me salió bastante bien

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Re: Un pajarito sin alas

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