Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

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Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

Mensaje por Invitado el Jue Feb 21, 2013 12:06 am

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El peliblando es Edward, su hermano mayor, xD ademas son toda la familia Lunacy
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Los ruidos del casino la envolvieron en cuanto entró, las risas, el ruidito que producían las bebidas al posarse sobre las mesas, el lejano sonido mecánico de la estridente música de las maquinas tragaperras. Las brillantes luces le cegaron durante un instante y se obligó a parpadear, apretar los puños y contener las ganas de salir huyendo. Tragó saliva inconscientemente, no le apetecía estar en aquel lugar, pero aquel era el primer paso para llegar hasta The Creator.

-Vamos hermanita -Notó como los dedos de su hermano, Edward Lunacy, se enganchaban a la cara interna de su codo como si fueran fuertes ganchos de metal y tiró de ella mientras chasqueaba con la lengua y mostraba una clara expresión de disgusto en el rostro. - Sigo sin saber que puñetero cable se le ha cruzado a nuestro padre para que me obligara a traerte.

- Quiero ayudar -Fue lo primero que le salió de los labios a una Rebbeca aún un poco sorprendida por la grandiosa pomposidad y lujo que le rodeaban. Sabía a la perfección que era una mentira tremenda, pero estaba dispuesta a mentir con tal de conseguir lo que se había propuesto. Su hermano no respondió, tan hostil como de costumbre y se limitó a seguir caminando con arrogancia, sujetándola del brazo con firmeza mientras caminaban entre las mesas donde decenas de jugadores lanzaban fichas y reían, bromeaban y se dejaban llevar por la adrenalina y la avaricia que aquellas mesas inducían a los jugadores, como si en vez de mesas fueran verdaderas potentes luces y los jugadores pequeños insectos incapaz de apartarse de esa atrayente luz que solo sería su perdición.

Aquella noche su hermano le había obligado a vestirse "adecuadamente" por lo que llevaba un vaporoso vestido negro, que se le ceñía a la altura de la cintura donde la gasa y el encaje negro era sustituido por una banda de satén champán que brillaba bajo el encaje de rosas y motivos vegetales que le envolvía el torso y dejaba a la vista un ligero escote palabra de honor que no mostraba en exceso el busto de la chica a juego con unos altos tacones a juego con el vestido, de color champán con el tacón del zapato envuelto en un encaje similar al del vestido.Sin duda estaba espectacular con aquel vestido y todos los hombres le miraban, algunos con discrección o otros cais babeando mientras su hermano tiraba de ella. Al caminar notaba como su cabello, recogido en una larga trenza de espiga le golpeaba la espalda y los hombros desnudos al caminar.

Para Rebbeca no era tan evidente como para su hermano que ningún miembro de la familia Lunacy iba a ir a un casino para quedarse en aquella zona tan mediocre, pues claro que no. Ambos se dirigieron a un enorme ascensor. ¡Por dios!, pensó Rebbeca para si misma mientras jugaba tímidamente con las pequeñas asas de su bolso, aquel ascensor era más grande que el baño que había usado en su residencia de la universidad. Las puertas del ascensor se abrieron y en cuanto cruzaron la puerta dos espectaculares y escasas de ropa señoritas se agarraron a su hermano con una sonrisa en el rostro que delató que no era ni la primera ni la segunda vez que Edward iba a aquel lugar. Disimuladamente miró el rostro de su hermano mientras besaba con lujuria a ambas mujeres y enredaba los brazos en sus cinturas, se sintió ruborizar. ¿Como podían compartir la misma sangre? Y su hermano, demasiado concentrado, imponiendo el placer antes que el deber se alejó del ascensor entre risas de satisfacción, dejando olvidada a Rebbeca.

La joven suspiró, no iba a ir a buscar a su hermano, ya estaba rompiendo demasiados principios y por muy atractivo que fuera su hermano no le apetecía verle desnudo. Entró en la sala. Había nuevas mesas de juego, mas serias y silenciosas pero en ningún caso faltaba el lujo. Al fondo de la sala había una barra y junto a esta un catering totalmente gratis para aquel que quisiera comer. Se fijó en que la sala no disponía de un solo reloj.

Es como una cueva de colores brillantes, tienes todo lo que necesitas pero ni un solo reloj así perderás la noción del tiempo.

Y entonces horrorizada se fijó en unos alargados biombos con dibujos y pinturas orientales que ocultaban parte de la habitación, se acercó a ellos movida por la curiosidad y se asomó y el corazón se le detuvo durante un segundo. Había una larga hilera divanes de piel, de aspecto sumamente cómodo, algunos ocupados otros vacíos. Sintió como si la pulsera para jugar aumentara de peso y demasiado sorprendida se le cayó el bolso de mano al suelo.

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Re: Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

Mensaje por Morgan, The Creator el Jue Feb 21, 2013 10:00 pm

Soledad; síntoma de locura para unos, alivio para otros. Pero en el caso de Morgan, concretamente, era un serio peligro. El joven prodigio realmente no apreciaba mucho las relaciones sociales. Eran demasiado incómodas, le restaban tiempo; y tener que soportar a personas de ínfimo coeficiente intelectual era todo un tormento. Normalmente, Morgan gustaba de pasar el máximo tiempo posible en su habitación, leyendo algún libro o ideando nuevos planes de futuro. Pero últimamente había estado evitando esos ratos en soledad; un extraña sensación lo inundaba día y noche: Se sentía observado. Y ya no era por los ojos de Darius, aquel hermanastro menor que se había convertido en la sombra oficial del rubio. Si no fuese porque tan solo tenía cinco años y era demasiado estúpido como para saber de su vida privada, ya habría pensado alguna forma de quitarse ese "problemilla" de encima. Realmente Morgan no "aceptaba" a su hermanastro. No lo apreciaba pero tampoco lo odiaba; estaban en un punto medio. Es más, en más de una ocasión lo había usado para hacer algún experimento psicológico de gran interés para él. Pero como siempre, Sindy, la madre de Darius y tercera esposa de su padre lo interrumpía en sus labores científicas. Sindy, como odiaba a esa veinteañera emperifollada e idiota, incluso tenía nombre de puta. Tenía embobado a su padre pero daba por sentado que no sabría contar hasta cinco. Darius había heredado esa idiotez crónica, la mayoría de las veces ese incordiante y petulante enano no servía para nada.

"Estoy rodeado de zorras y conejillos de indias inservibles. Vivo en un zoo pero al parecer en esta ocasión son los animales los que observan curiosos e ingenuos a las personas encerradas en sus propias jaulas"-escribió aquella tarde en su diario. Dio un suspiro y se echó sobre sus brazos en el escritorio de su habitación.

Por el rabillo del ojo pudo ver a Darius asomándose desde la esquina derecha de la puerta, tan tímido y juguetón como siempre. Morgan le lanzó una mirada amenazadora y comenzó a quitarse el zapato. Cual perro, Morgan había enseñado a su hermanastro ciertas lecciones básicas mediante ensayo y error y reflejo condicionado. Cada vez que se asomaba a la puerta de esa forma a veces, sin previo aviso, le tiraba el zapato con tal puntería que siempre acertaba a darle en todo el morro. El pequeño ya se había habituado a ello y cada vez creaba nuevas estrategias para esquivar a Morgan. Le parecía un juego divertido aunque aún seguía temiendo en cierto modo a su irascible hermanastro.

En aquella ocasión Darius se escondió antes de que le lanzara nada y con un poco de temblique le lanzó a Morgan su teléfono móvil, a ras del suelo.

-Te ha llamado Freddie-dijo con su vosecilla en un hilo.

Morgan alzó una ceja. Hacía tiempo que no hablaba con Freddie. Era un antiguo compañero de clase; corpulento y bruto como el que más. No era el tipo de persona que hablaría con un listillo, bajito y delgaducho ser como Morgan. Pero de igual forma no le haría el feo. En otra ocasión habría rehusado hablar siquiera con él pero dada su situación necesitaba algún contacto social. Debía saber si de verdad estaba siendo perseguido. Estar solo demasiado tiempo podría ser perjudicial. Y más teniendo tantos enemigos como tenía él. Cierto era que intentaba mantener el anonimato pero...ninguna técnica es perfecta. Si alguien había descubierto su paradero debía descubrirlo. Así que cogió el teléfono y comenzó a hablar de la forma más animada que pudo.

-¡Hola Freddie! ¡Cuánto tiempo!

-Oye, déjate de presentaciones. Te necesito. Me han dicho que eres una especie de genio o algo así. Estoy en el casino Royal en las Vegas. Ven lo más pronto posible.

-¿Y qué gano yo con eso? Las Vegas me pillan un pelín lejos y tú y yo no somos tan amigos.

-No me jodas, si tienes avión privado. ¿Qué puedo darte para que vengas?
-Protección-dijo tajantemente, sin pensárselo dos veces.

-Hecho. Te espero aquí.

A veces muchas palabras no dicen nada y pocas llegan a decir más de lo que uno imagina. Aquella era una de esas situaciones. Morgan necesitaba un guardaespaldas. Aquel instinto era guiado por una mera intuición pero le valía...Tomó su avión privado y fue directo a las Vegas al sitio indicado por Freddie. Aún seguía teniendo ese mal presentimiento. No debió ir solo... Pero a fin de cuentas lo hizo.

Estaba a punto de entrar por la puerta cuando sintió una gélida mano posándose sobre su hombro. Una voz masculina, fría y quebrada se le clavó en el cerebro.

"Tú, maldito. Sé quién eres, maldito sádico de mierda. ¡Monstruo!"

Se le heló la piel, en un acto inconsciente se giró sudorizando por todas partes de puro terror. Pero no vio nada. Increíble, él mismo comenzaba a sufrir los efectos de su propio juego. Según sus estadísticas aquello no podía estar pasando...No jugaba tanto y tomaba suficientes precauciones. Se limpió un poco el sudor de la frente y entró en el interior del recinto. Comenzó a buscar a Freddie con la mirada pero no veía a nadie. Aquello era imposible, debía estar por algún lado. ¿Habría imaginado también la llamada? Cada vez sudaba más, se estaba poniendo nervioso, como si lo hubiesen drogado. Comenzó a andar algo mareado por todo el casino hasta que ya no pudo más y se dejó caer de la puerta de una habitación, cerrando los ojos y apoyando con fuerza su cabeza contra la puerta.

En ese instante dejó de saber si estaba en la realidad o soñando. Lo único cierto en todo aquello era que Morgan no estaba loco. Realmente aquella extraña experiencia había tenido algo de realidad: Lo habían drogado. Resultaba irónico...Era como si su alter ego lo estuviese atacando, imitando su peculiar modus operanti en el dreamer. Solo esperaba no sentir dolor...

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Re: Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

Mensaje por Invitado el Vie Feb 22, 2013 12:14 am

El sonido de su bolso al caer le devolvió a la realidad y se agachó rápidamente a recoger su bolso. Lo sujetó con manos temblorosas y volvió a mirar a los divanes.

Allí tumbados casi parecían que estaban dormidos, por un momento casi había pensado que era una zona de descanso pero entonces las había visto. Aquellas malditas pulseras, exactamente iguales a las que ella llevaba en la muñeca. Jamás se le había ocurrido pensar que incluso allí habría zonas para jugar a The dream. Volvió a mirar a las mesas indecisa y nuevamente dirigió su mirada hacía los divanes. Parecían tan cómodos, seguro que podría tumbarse allí un rato...solo un rato...lo suficiente para revisar una vez más la ultima villa en la que había guardado la partida. ¿Cuanto hacía que no jugaba? ¿Diez horas?. Había estado aplazando la necesidad de jugar, de entrar en aquel mundo y esa misma necesidad estaba empezando a producirle temblores.

Rebbeca se abrazó a si misma, dubitativa. Una parte de ella se odiaba a si misma cada vez que se colocaba la pulsera y cerraba los ojos, se sentía sucia, imbécil, no podía dejar de visualizar el rostro de Aidan antes de marcharse con su pistola de paintball y un segundo después podía ver el rostro marmóreo y azulado sin vida de su hermano sobre un camastro. Y aquel recuerdo aparecía siempre que cerraba los ojos a la espera de que el sueño se iniciara, pero a la vez su mente pensaba en Scott, lejos de ella, solo en una habitación sin nadie que cuidara de él y las ganas de seguir buscándole se avivaban como el que hecha más madera a un fuego abrasador con la esperanza de que nunca se apague. Había empezado a odiarse a sí misma desde la primera vez que se pasó aquella pulsera por la muñeca, pero sin embargo allí estaba ella dudando si abrir el bolso y encerrarse en su egoísta de deseo de encontrar a su amado. Sacudió la cabeza. ¡No! ¡No podía! Últimamente no tenía otra cosa en la cabeza que aquel maldito juego, no podía dejarse llevar por aquella locura o terminaría perdiéndose a sí misma en aquel juego, como les había ocurrido a los que miraba tumbados en los divanes.

Se alejó de la zona de los divanes y se detuvo en la mesa de catering un segundo a tomarse un copa de champang helado y burbujeante en una copa transparente decoradas con delicadas filigranas que parecían ser de Oro, si lo estaban Rebbeca ni quería proponérselo, siempre había preferido las cosas sencillas. Le dio un sorbo mientras suspiraba, toda aquella tensión que estaba viviendo se había acrecentado con aquella visita tan repentina al casino, estaba demasiado nerviosa, tenía que relajarse y su padre no confiaría en ella para aquellos encargos y necesitaba ganarse su confianza.

- ¡Oh dios mío! -Exclamó soltando la copa sobre la mesa del catering, olvidándose de sus problemas en cuanto lo vio. En la entrada de la sala vip había una persona con un horrible aspecto y nadie había reparado en su presencia. Alertada, y un tanto asustada, se dirigió a paso ligera hacía la entrada, con los tacones repiqueteando con cada paso que daba. Era incapaz de ver a alguien en mal estado y que no se le encogiera el corazón, aunque parecía que a nadie más le importaba lo que pudiera pasar a su alrededor, demasiado concentrados en sus apuestas. ¿Es que además de - Por favor, por favor que no este tan mal como parece

Susurró para si misma mientras posaba una mano sobre el hombro del chico y lo sacudía suavemente. Siempre había hablado sola cuando estaba nerviosa, era un impulsó incapaz de controlar, y en aquel momento estaba nerviosa y preocupada.

- ¡A-ayuda! -Elevó la voz por encima del gentío y le dio mil gracias a un encargado del casino muy fornido que levantó al chico sin ningún esfuerzo y lo cargó hasta la zona de los divanes, y lo dejó con cuidado en uno, inspeccionándole, seguramente aquel hombre sabía más de primeros auxilios que ella así que le dejó hacer mientras clavaba las uñas sobre las tela de su bolso

- No te preocupes, solo estará borracho, o colocado ¿Te has pasado, eh guaperas? -El hombre sacudió ligeramente al desconocido, con una sonrisilla divertida, quizás el estuviera acostumbrado a ver personas en aquel estado pero Rebbeca no, y se sintió terriblemente ofendida al ver como actuaba.

- Márchese ahora mismo si no quiere que le despidan -Las palabras salieron de su boca con muchísima más seguridad de lo que había pretendido y en cuanto se fue ofendido se sentó en el diván que ocupaba su acompañante. Estaba pálido y pesé al estado en el que se encontraba le resultó un muchacho atractivo. Parecía un tanto desorientado y tenía la sien y la frente perlada de sudor. Sacó un suave pañuelo de seda de su bolso y se inclinó sobre él para limpiarle el sudor con delicadeza el sudor del rostro, mirándole cargada de preocupación -N-no te asustes, te pondrás bien -Le dedico una sonrisa tímida- ¿Puedes hablar? ¿Quieres que te traiga algo de beber?

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Re: Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

Mensaje por Morgan, The Creator el Sáb Feb 23, 2013 7:10 pm

Tendido y algo asustado miraba al níveo techo, clavando sus pupilas cada vez más dilatadas en él. Parecía escuchar la voz de una chica que discutía con un hombre de voz grave y tajante, algo similar a la suya propia. Desde pequeño, siempre se habían reído de él debido a eso. Había madurado antes de tiempo y su voz se había agravado más de la que cualquier otro muchacho. La gente lo miraba cual bicho raro. Incluso en aquel momento con sus diecisiete años no le pegaba para nada tener aquella voz puesto que tenía un aspecto algo aniñado. Por un segundo se quedó pensando en que tal vez fuese por eso por lo que en el juego usaba una voz tan ridículamente aguda. Hizo una leve mueca e ignorando todo lo que pasaba a su alrededor volvió a sumergirse en el mundo de sus pensamientos intentando encontrar el motivo por el cual se encontraba en ese estado.

¿De donde venía su paranoia? Desde hacía unos días tenía esa sensación de estar perseguido, pero, ¿por qué? Siempre había sido alguien muy seguro de sí mismo y de sus meticulosas acciones. Que alguien hubiese descubierto su tapadera era casi imposible. Nadie había visto nunca a "The Creator". Todos sabían que un tal Morgan Marx había creado el juego pero ¿quién era Morgan? La gente daba tan por sentado que se trataba de un nombre falso que nadie había sospechado nunca que él pudiese ser el llamado Creator. Además no acostumbraba a dar su primer apellido a nadie. Incluso en el colegio era llamado Morgan Rutherford. Tenía que haber algo que se le escapase. Empezó a recordar vagamente sus acciones en el día: Se había levantado bastante temprano, como de costumbre; había desayunado lo mismo de siempre y finalmente se había llevado todo el día encerrado en su habitación leyendo y escribiendo en su diario...Había algo que fallaba pero no podía recordar qué. Era imposible que Darius hubiese planeado nada contra él, era demasiado estúpido pero...tal vez justo por eso podría haberle traicionado su excesiva confianza hacia su hermanastro.

Abrió los ojos de par en par y miró fijamente a la chica sin decir nada. Entonces ese detalle que había pasado desapercibido le vino a la mente como un rápido flashback. Él no tenía móvil propio. ¿Cómo pudo contactar Freddie con él? ¿De quién era ese móvil? Incluso la conversación con su ex-compañero le resultó demasiado extraña. No preguntó ni un por qué cuando le pidió protección. Y después...aquella voz antes de llegar al casino. Seguro que todo tendría algún tipo de relación. ¿Habría desprendido el móvil algún tipo de veneno al abrir la tapa? ¿Habría existido realmente el tipo que había insinuado conocerle? Demasiadas preguntas inundaban su cansada mente. Pero entonces ocurrió justo lo que se esperada. Sea quién sea la persona que decidió usar una deliciosa ironía contra él había usado un veneno que provocaba un intenso dolor muscular. En el juego los héroes contra los que Morgan o más bien el atrezzo usaba ese tipo de venenos terminaban pidiendo la muerte.

Tragó saliva y comenzó a retorcerse, ahora sabía lo que se sentía...Pero no pensaba morir, no ahora. Tenía un imperio por formar y una gran fuerza de voluntad. Así que antes de que aquello fuese a peor miró fríamente a la chica y comenzó a hablar en un débil hilo de voz.

-Diga lo que diga a partir de ahora ignórame, por muy persuasivo que sea no me mates. Llévame a algún sitio aislado, dame algo para morder y mucho alcohol. Todo pasará en un par de horas a lo sumo, te recompensaré si me ayudas...-apretó los dientes y los párpados, aquello se volvía insoportable. Sabía que los calmantes no servían, solo esperaba que el veneno que habían usado fuese el mismo que en el juego y no fuese mortal. Ir a un médico sería demasiado peligroso... Su primer apellido debía quedar a la sombra y su historial médico limpio. Debía seguir siendo anónimo. Era la única forma de sobrevivir.

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Re: Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 23, 2013 9:15 pm

Por un momento ella pensó que aquel chico no era capaz de escucharla...o quizás no entendía su idioma. Le miró más detenidamente. Era rubio ceniza y tenía los ojos claros pesé a tener las pupilas algo dilatadas. ¿Sería escandinavo? O quizás francés. No podía negar que aquellos rasgos andróginos le resultaban atractivos.

Miró a ambos lados preocupada...no sabía cuanto podía tardar su hermano en....bueno en lo que demonios estuviera haciendo con aquellas señoritas de compañía pero no podía dejar solo a aquel chico, estaba a punto de llamar para que viniera una ambulancia cuando habló.

-Diga lo que diga a partir de ahora ignórame, por muy persuasivo que sea no me mates. Llévame a algún sitio aislado, dame algo para morder y mucho alcohol. Todo pasará en un par de horas a lo sumo, te recompensaré si me ayudas...

-¡¿Que?! -Preguntó sorprendida Rebbeca inclinándose sobre él, aunque le había oído perfectamente. Se le formó un nudo en la boca del estomagó, era evidente que necesitaba un médico, sería una completa irresponsabilidad que no le atendiera correctamente un experto. Además que Rebbeca sabía tanto de primeros auxilios como de mecánica. Miró nuevamente al chico y al ascensor del casino, que llevaba a la parte superior del casino donde estaban la parte del hotel donde estaban las habitaciones y más concretamente la habitación que tenía para pasar allí la noche antes de volver a su residencia de la universidad. -[color=indigo] E-esta bien...lo haré.

Rebbeca volvió a pedir ayuda, pero esta vez a otro encargado que gracias al cielo no dijo nada, solo le dedicó una sonrisilla que no supo identificar y le ayudó a subir a la habitación, donde dejó al muchacho sobre la enorme cama de dosel que debía de ser para ella y Rebbeca sacó de su pequeño bolso un billete de quinientos dolares para pagar su silencio.

Una vez se hubo cerrado la puerta hechó la llave. ¿Por que de repente se sentía tan nerviosa? Ni que aquello fuera ilegal, solo acaba de llevar a un completo desconocido drogado y casi delirando, seguramente menor de edad, a su habitación y allí planeaba emborracharle...

-¡Dios mio!¡Dios mio!¡Dios mio!-Masculló para si misma mientras miraba la habitación momentaneamente paralizada. Las paredes eran de un agradable Beige y la colcha de la cama resaltaba por su color rojo carmesí ocupando el centro de la habitación. El resto de los muebles, todos perfectamente a juego, era de un acogedor color oscuro, creando una cálida atmósfera aunque en aquellos momentos Rebbeca estaba a punto de sufrir un infarto. - ¡Alcohol! Si...eso alcohol....

Se quitó los tacones y camino con pies doloridos hacía la nevera y se inclinó. Era un pequeño minibar donde había un poco de todo. Si hubiera tenido que escoger habría agarrado una botella de vino de alta calidad que había en la puerta de la nevera, pero optó por coger una botella de vodka que seguramente era mucho más fuerte que el vino. La habría rápidamente y miró al completo desconocido

- ¿Servira esto?-Preguntó y abrió con torpeza la botella mientras los nervios le atenazaban cada músculo. En cuanto estuvo abierta sin dudarlo le dio un largo tragó que le hizo estremecerse y agitar la cabeza ante el abrasivo ardor que le serpenteo garganta abajo. Subió a la cama y gateó hasta el desconocido, con cuidado de no derramar la botella y se inclinó nuevamente sobre él para que este pudiera mirarle. - Eeh....s-solo tengo esto, si quieres puedo pedir otra cosa pero por favor no me hagas pedir alcohol etílico o me dará un infarto

Se retiró un segundo y rebuscó en la mesilla hasta que encontró un pañuelo bastante largo, lo enrolló y se lo mostró,inclinándose hacía él nuevamente.

-¿Esto sirve?

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Re: Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

Mensaje por Morgan, The Creator el Lun Mar 04, 2013 11:06 pm

Notaba las frías manos de la muchacha sobre su cuello; clavó sus ojos en ella, apretándolos espontáneamente. Entonces le quitó la botella de vodka de las manos y comenzó a beber; parecía desesperado y agonizante. Como un niño pequeño al cual le acababan de dar la paliza de su vida los mayores del curso siguiente. Comenzó a beber, le ardía la garganta pero prefería estar borracho e inconsciente a sufrir todo lo que se le venía encima. La hiperventilación se hacía cada vez más notoria; los tendones parecían querer salírsele del cuerpo, el dolor se hacía insoportable.

-Ahhh-gritaba.

No paraba de mirar a la chica. Aunque aquella mirada era algo extraña; un extraño cúmulo de sentimientos se mezclaban en ella: El principal era el orgullo mezclado con cierto odio. Morgan no toleraba ser ayudado por alguien, era demasiado orgulloso. Pero también podían reflejarse la desesperación y el agradecimiento. Al fin y al cabo solo era un niño indefenso en un mundo donde podían acabar con su vida, no de forma literal. Eso Morgan ya lo había sufrido. Desde su infancia, el bulling había sido una de las principales palabras en su vocabulario. Nunca había llegado a ser feliz por el hecho de que no le permitían serlo. Por eso había creado el dreamer. Quería un mundo donde él pudiese jugar con la felicidad de los demás, un mundo donde sentirse importante, un mundo hecho para personas como él. Todas las personas que lo habían conocido on-rol habían descubierto un trocito de su personalidad: Morgan solo se apiadaba de los indefensos. Únicamente tenía compasión con otras víctimas o con héroes lo suficientemente humildes como para tener un poco de consideración con él y no tratarlo como un simple atrezzo.

Ahora tenía delante a una chica desesperada buscando una forma de animarle y aquello le transmitía cierta simpatía hacia ella.

-No, no quiero morir...-decía entre delirios. El alcohol comenzaba a hacer efecto pero también el dolor influía en sus subconsciente. Pensaba, en todas aquellas personas que habían pasado por lo mismo por su culpa, por un capricho del joven-. Estoy rodeado de conejillo de indias inservibles...

Repitió la frase que había escrito en su diario esa mañana. Aquella parte ególatra de él había salido al exterior. En el fondo Morgan pensaba que debía ser protegido sin necesidad de pedirle a nadie que lo protegiese. Aquel maldito y malcriado niño incluso en sus últimas pensaba que alguien debería estar pasando por aquello en su lugar. Realmente si alguien quería cambiarlo de verdad debería empezar desde un sitio menos profundo de su conciencia...Al fin y al cabo Morgan no tenía un fondo bueno sino que era un buen chico con un fondo malo. Es por ello que habría que ampliar esa parte superficial para eliminar aquel trasfondo sádico y egoísta. Pero...¿quién podría intentarlo? Al fin y al cabo él era solo una persona pero aunque muriese seguiría vivo porque su ideal estaba siendo propagado a la velocidad de la luz en aquel mundillo virutal llamado The Dream.

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Re: Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

Mensaje por Invitado el Miér Mar 06, 2013 12:21 am

Le observó sorprendida mientras bebía casi sin respirar y Rebbeca durante un instante pensó que iba a tener un cadáver borracho en medio de su cama y que no sabría como demonios sacarlo sin que le acusaran de asesinato...bueno, su padre era el jefe de la compañía Lunacy, seguro que sabía como limpiar el rastro de un cadáver sin que les pillasen.

Con cada gritó que daba el corazón de Rebbeca se encogía ante el sufrimiento ajeno. Nunca se le había dado bien eso de ver a los demás sufrir y tener que quedarse quieta. Lo único que pudo hacer fue quedarse sentada a su lado y acunarle el rostro mientras parecía retorcerse por culpa de un horror horrible.

" No creo que esto lo halla hecho una sobredosis de estupefacientes

Pensó ella mientras le susurraba palabras de ánimo y le acariciaba le apartaba el humedecido flequillo del rostro a causa del sudor que le cubría el rostro como una segunda piel. La parte más correcta y responsable de de sí misma le ordenaba que fuera inmediatamente a por el teléfono y llamara a emergencias y pidiera un helicoptero si hacía falta para llevar a aquel chico a un hospital donde le atenderían muchísimo mejor de lo que ella era capaz. Sin embargo él le había pedido que no hiciera nada, que se quedase allí y no pidiera ayuda, lo cual le estaba costando un enorme esfuerzo por su parte.

-No, no quiero morir...-Le escuchó susurrar con agonía. Rebbeca quería decirle que no iba a morir pero como no lo sabía con certeza prefirió acariciarle la mejilla en un intento de distraer la mente drogada y alcoholizada de aquel chico...si es que seguía lo suficientemente consciente como para poder mirarle o prestarle atención- Estoy rodeado de conejillo de indias inservibles...

-Ssh...calla, no gastes energía -Le susurró limpiándole el sudor del rostro con el borde de la sabana con tanto cuidado como si estuviera sosteniendo una pieza de cerámica que en cualquier momento podría hacerse añicos si no la trataba con el cuidado necesario. Le apartó la botella de vodka medio vació y le dio un tragó. Sabía que debía mantenerse firme, serena entre el caos que debía de estar viviendo aquel chico pero su parte más temerosa no podía evitar pensar que si aquel chico se moría en su habitación tendría serios problemas.

"¡Oh basta ya Rebbeca Lunacy! ¡Te necesita!

Se alejó de él y tan deprisa como pudo fue hasta el baño, agarró una toalla de mano y la mojó con agua fría, la escurrió y regresó a la cama, gateo sobre ella y se sentó sobre sus rodillas a la altura de la almohada, posando suavemente la toalla húmeda sobre la frente. Debería cuidar de él hasta que se encontrase mejor, no importaba como lo conseguiría. Inconscientemente empezó a canturrear con voz suave una nana, un intento de relajarse a si misma que también podría haber efecto en el torturado chico que sufría ante sus ojos.

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Re: Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

Mensaje por Morgan, The Creator el Mar Mar 19, 2013 12:44 pm

Unas gotas de sudor frío recorrían su frente como si de una cascada de granizo se tratase. Había llegado a un punto en el que no sabía si mejoraba o empeoraba; si el dolor se hacía insufrible o el alivio llegaba hasta sus músculos de una forma casi imperceptible. Lo único que podía captar a la perfección era una voz melódica; dulce como un ruiseñor soltando al aire notas sueltas de una armoniosa canción. También podía notar que su estado de embriaguez aumentaba por segundos. No sabía si era bueno o malo; hacía tiempo que no estaba borracho. Morgan no era ese tipo de persona. Aquel huraño ser, constantemente abstraído en su propio mundo no solía salir más allá de las paredes de su inconsciencia. El dreamer y el ensimismamiento eran su único entretenimiento en sus momentos de "ocio". El resto del tiempo simplemente se limitaba a ser el "hijo perfecto". Siempre tan atento y educado; simplemente adorable. Mas en aquel momento otra parte de su personalidad estaba saliendo a la luz. Al igual que muchas otras personas,solo dos cosas en el mundo podían sacar la verdadera esencia de uno: El alcohol y el dreamer.

-¿Sabes qué?-rió a carcajada limpia mientras miraba a la chica-. Tengo un hermano, se llama Darius y es idiota. Pero a mí me gustaría ser cómo él. Tantas preocupaciones a veces le estresan a uno, ¿no crees? Pero es un sacrificio necesario... Que lo intenten matar a uno, quiero decir; por no ser idiota.

Aquella serie de inconcluencias tenían un significado oculto que solo Morgan podía entender. Si la chica, si Rebbeca supiese mínimamente a qué se refería probablemente se hubiese replanteado seguir cuidando de él. Morgan tenía una considerable cantidad de enemigos debido a su "oficio". Tal vez Rebbeca podría ser perfectamente uno de ellos o quizás lo apoyase. Eso era algo que nunca podría saber.

Pero en aquel momento, entre los dolores agónicos y la borrachera sólo podía delirar y esperar a que la contraria no captase ninguno de los sutiles mensajes subliminales que soltaba por aquella boquita de borracho. Tal vez, cuando se recuperase, debería tener una charla algo "mas seria" con la chica, preguntándole de forma suave qué le había o no le había oído decir en aquel estado de inconsciencia.

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Re: Adentrándose en la oscuridad -Privado, Morgan -

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