One Day More

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One Day More

Mensaje por Invitado el Jue Feb 28, 2013 8:15 pm

Atravesé el umbral de la puerta con un suspiro. La luz entraba a raudales por las amplias cristaleras, en el piso 47 de aquel rascacielos del centro de Manhatan uno llegaba a sentirse aislado del mundo que discurría ajetreado, muchos metros abajo en su ruidoso y constante ir y venir. Dejé las llaves en su sitio y me quité los altos zapatos de aguja que llevaban matándome los pies toda la maldita mañana.

El eco de mis pasos descalzos llenaban el silencio de una casa demasiado grande. A estas horas de la tarde Gus seguía en el trabajo, y Will estaría con nuestra niñera, Lana, en el parque, disfrutando de su infancia como cualquier niño debía poder hacerlo, pero.. ¿Y Nathan? Miré mi teléfono un segundo, la aplicación de mensajes gratuitos tenia 3 notificaciones... tampoco iba a estar.

-Cada vez está menos en casa...

No pude evitar murmurar, sentándome en la cama. Me deshice la trenza con los dedos antes de tumbarme en la cama, terriblemente cansada. Cerré los ojos y respiré hondo, intentando olvidarme de lo que había dicho el médico... Psicológico... ¿como iba a ser psicológico algo así? Ese dolor que me encogía el pecho, la presión en la garganta que no me dejaba respirar, como si algo demasiado pesado me abrazase, arrastrándome a lo más profundo de su oscuro seno, me aterrorizaba sentir que era como si el tiempo fluyera mucho más lento y yo no pudiera controlarlo. Me cubrí el rostro con las manos, agobiada... psicólogico, psicológico... ¿como iba a decírselo a Gus? ¿De donde iba a sacar tiempo para ir a un psicólogo?

-Dios mio... necesito jugar.

Me incorporé en la cama y abrí el bolso, buscando aquella pulsera que tanto necesitaba en aquel momento, una vía de escape, algo para no pensar en el presente más inmediato... quería olvidarme un rato de Anna Katerina Jones y sus malditos problemas. Me puse la pulsera y me acomodé en la cama antes de cerrar los ojos y esperar a que el menu de inicio se desplegara...



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Al otro lado de mis párpados las luces artificiales del Dream se activaron. En su guarida, Red Lady estaba muy cómoda en sus apretados pantalones de cuero, con aquel corsé rojo y negro , con el cual el mero hecho de respirar podía resultar loable, pero, era un juego, y yo, por supuesto, era fantástica. Con el menú desplegado frente a las narices oteaba los nombres de los usuarios conectados.. ah.. no encontraba nadie que de verdad despertara mi curiosidad.. ¿donde estaban los verdaderos héroes cuando una dama necesitaba darles una paliza inolvidabe?

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Re: One Day More

Mensaje por Invitado el Mar Jul 23, 2013 11:23 pm

Un estruendo recorrió toda la estancia, y un silencio abrumador lo siguió ineludiblemente. Mientras los trozos se dispersaban deslizándose sobre el piso, el tiempo en el lugar pareció congelarse. Nada se movía, nadie aparecía, solo el tintineo de las pequeñas partes de jarrón en el suelo parecían seguir en la realidad. El sol paró de iluminar la sala, sumiéndola en una penumbra vacía, aquella que borró todo lo acontecido hasta aquel instante. Las agujas del reloj parecían intentar a toda costa permanecer mudas ante aquella escena, aguardando que algún hecho devolviera la normalidad a la habitación.

De entre las sombras apareció una silueta alta y fornida, y junto a ella, la luz. Todo retomó su color natural, las agujas volvieron a sonar y el sol deslumbraba con normalidad. Pasó la vista por toda la estancia, intentando comprender que había sido aquel estruendo que momentos atrás lo había sacado de su ensimismamiento matutino. Entonces fue cuando lo vio. Uno de los jarrones sobre la mesita había sido tirado por una potente ráfaga de viento que se coló por el ventanal que permanecía abierto. Las cortinas se mecían mientras el aire iba y venía sin cesar. Cerró la ventana con delicadeza y recogió los trozos como pudo, percatándose de que no quedaba ninguno esparcido por algún lugar recóndito de la estancia.

Se deshizo de los fragmentos recogidos y volvió a la salita anterior. Comprobó cuidadosamente que todo estuviera en orden y regresó por donde había entrado, camino a su habitación. Comenzaba a lamentar el momento en el que le dio el día libre a sus criados para que estos descansaran algún día esa semana. No le agradaba la idea de pensar que explotaba a unas simples personas que con su nómina apenas podían llegar a fin de mes. Por ello, usualmente los trataba como amigos y les daba un buen trato a todos ellos. Pese a ello, en momentos como aquel, odiaba ser tan blando en su interior, odiaba no poder ser tan duro como su padre había sido con él.

Decidió entonces aprovechar su soledad para disponer de aquel día para un placer cada vez más relajante, el juego que rompió todos los registros, aquel que se expandió tan rápido por el mundo que no tenía punto de partida ni de llegada. El juego pasó a ser patrimonio de  la humanidad sin que nadie lo supiera, aquella pulsera, era lo más aclamado en la historia del mundo. En un primer momento no había captado la esencia de aquello que ingentes cantidades de gente codiciaba, pero conforme pasaba el tiempo, comenzaba a pensar que no era tan trivial como pensaba. Al menos, en momentos como aquel que no tenía nada por hacer, le agradaba escapar de aquella piel y pasar a ser otra totalmente distinta.

Le embriagaba la idea de salvar a la gente, de tener el poder suficiente para evitar que les pasara nada, le invadían las ganas de ser alguien con la firmeza y la voluntad suficiente para dedicar todo lo que tenía en los que más lo necesitaban. Se tumbó en la cama, se colocó la pulsera, y lentamente, cerró los ojos esperando iniciar aquel juego que tanto quería llegar a conocer.

Apareció en lo alto de un edificio, de cuclillas en una cornisa, contemplando todo el lugar en busca de algo que requiriera su presencia. Paseó entre las sombras con sus níveas vestimentas, aburrido ante la falta de diversión en aquellas calles. Deseaba algo que lo abstrajera tanto como lo hacían los más complejos misterios del universo y el ser humano. Decidió dejar de vagar y mirar la lista de conectados para encontrar algo que de verdad valiera la pena. Uno a uno fue ojeando todo lo que había por el lugar en aquel momento. Los descartó con una palabra, que fue repitiendo tras ver cada nombre. No, no y no. Una y otra vez, mientras su decepción crecía en su pecho. ¿Acabaría teniendo que desconectarse sin un poco de placer?, ¿Acaso ese día iba a ser tan solitario y aburrido como parecía?

Tardó poco en conocer las respuestas a las preguntas que rondaban su mente. Inesperadamente el nombre de su archienemiga nubló su vista, parecía brillar de un modo especial. No siguió mirando, aquel día ella era lo que buscaba. Le mandó un mensaje en el que le mandaba una dirección y una hora, y la invitaba a un combate amistoso por puro placer, para comprobar quien podía destrozar más al otro. Ese era su único objeto en aquel instante, alguno lo llamarían desmelenarse, otros dejarse llevar por las emociones, o simplemente soltar todo lo que tenía dentro de sí. De cualquier modo, mientras silbaba suavemente una lenta melodía, se encaminó al lugar indicado, sabiendo que ella no desperdiciaría un encuentro por muy leve que pudiera ser, sabiendo que iba a poder disfrutar de un combate de un nivel inigualable. Su silueta se perdió en las sombras de un callejón, y tan solo quedó allí el eco de aquella profunda melodía.

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